Aspectos del servicio naval y la vida a bordo en las flotas reales
DIARIO DE BITÁCORA DEL CORSARIO WALREY
Vera Moya Sordo
2018, TEMPUS Revista en Historia General
Las necesidades de innovación tecnológica, estratégica y administrativa de la marina española del siglo XVIII, tuvieron implicaciones en el reclutamiento, la preparación y entrenamiento de oficiales y marineros, así como en las condiciones generales de trabajo y vida a bordo en los buques de guerra. Algunas realidades fueron particularmente
TEMPUS Revista en Historia GeneralMedellín (Colombia), 2018, Primer Semestre, Número 7Pp. 1-43, ISSN: 2422-2178 (En línea)
de las escuadras reales en alguna de las divisiones de artilleros, bombarderos, condestables,cabos o ayudantes.Conforme los tiempos demandaron un mayor número de hombres de armas a bordo, la infantería y los cuerpos de artilleros se hacían acompañar de compañías desoldados del ejército, tropa de tierra que era embarcada, como ya se dijo, para apoyo en lasoperaciones costeras, y de ser necesario, para cubrir las vacantes, sobre todo en cuanto almanejo de los cañones y fusilería. En ocasiones también ayudaban en las faenas propias dela marinería como en el manejo del aparejo o la bomba de achique. Normalmente en periodos de guerra, un número considerable de ellos (a veces varios cientos) erantransportados con el fin de librar batallas al desembarcar o una vez conducidos al interiorde los territorios.En cuanto a las dotaciones, al igual que la infantería y la tropa, éstas se componíangeneralmente de gente de origen modesto, en ocasiones con poca preparación previa en lasfaenas marítimas, a excepción de aquellos provenientes de las flotas pesqueras omercantes. De acuerdo a las diversas tareas requeridas dentro de un buque, como explica
Hugo O’Donnell
y Duque de Estrada, se organizaban en la categoría de oficiales de mar asueldo y marinería como: pilotos o timoneles (manejo del timón), gavieros y juaneteros(velamen) y marineros en general para la maniobra; en pañoleros (custodios del almacén),furrieles (encargados de la distribución de suministros) y condestables para laadministración; en artilleros, cabos de cañón y condestables para la preparación y uso delarmamento; en armeros, carpinteros, maestros de hacha, calafates, maestros de velas y jarcia, así como personal de maestranza para reparaciones; además de buzos, grumetes(aprendices de marinería), cocineros o reposteros para los servicios en general.
Lastripulaciones eran reclutadas en distintas geografías, aunque lo ideal era que fuesenoriginarios de las regiones costeras, donde se concentraban los especialistas en los oficiosde mar. Más, por necesidad, sobre todo en tiempos de guerra, también se les buscó tierraadentro. Según un estudio de Alfredo Martín García, correspondiente a las últimas dosdécadas del sigloXVIII
, la mayoría de las compañías provenían de los litorales (89%), predominando el Cantábrico gallego (56.1%), seguido del Mediterráneo andaluz (32.9 %);mientras que un 11% provenía del interior. De estos grupos, el 89.4% eran nacidos o
residentes de las regiones peninsulares de la Corona, mientras que el 10.6% eranextranjeros o súbditos de otros territorios ultramarinos.
Si bien desde un principio se pretendía que las tripulaciones se conformaran con hombres de mar reclutados de maneravoluntaria, la realidad era que una buena parte fueron obligados, y en ocasiones se trató degente sin ninguna experiencia en las actividades marítimas en general.
El sistema de incorporación al servicio era conocido como matrícula de mar,impuesta primeramente en 1625 como parte del ambicioso programa del conde-duque deOlivares, valido del rey Felipe IV, para el rearme naval y la reactivación de las flotas deguerra y corso que operaban en el Mar del Norte. Sin embargo, debido a las durascondiciones del servicio, percibido popularmente como peligroso y muy mal remunerado,la práctica era en general poco efectiva, prevaleciendo la escasez de voluntariado y lasdeserciones. Así se entiende que, en tiempos difíciles, como en las vísperas de una guerra,fuera frecuente recurrir a la leva forzosa. Entonces las vacantes eran cubiertas con personal poco experimentado, mayormente obligado contra su voluntad, y comprensiblementeinsatisfecho.La resistencia al reclutamiento tuvo una larga tradición desde el sigloXVI
. Desde entonces, todavía sin un sistema formal, la Corona pretendía captar voluntarios en los puertos de Guipúzcoa y Vizcaya a través de sus autoridades, mismas que se mostrabanreacias a entregar a sus hombres de mar, considerados más productivos para los oficios pesqueros y marineros locales. Para convencerlos, se les prometían privilegios especiales,como servir en buques construidos en los puertos de sus provincias, para mayor comodidado deslindar a una determinada región de la obligación de entregar conscriptos por algún periodo acordado. Pero los motivos para evitar la leva eran muchos y justificados, principalmente porque, como se mencionó, a los marineros de la armada se les pagaba maly con retraso, lo que dificultaba su sustento y el de sus familias. A ello se sumaba la percepción generalizada, no del todo errada, de una alta mortandad debido a la baja calidady cantidad de las vituallas, y a repentinas erupciones de epidemias; además de que,llegando el momento, las tripulaciones tenían que servir de soldados, obligados a pagar su propia munición y pólvora. Sumado a ello, las levas solían hacerlas los representantes de
Alfredo Martín García, “Entre el mar y la muerte. Procedencias, condiciones de vida y mortalidad de los
navegantes del Real Servicio (1776-1804)”,
Espacio, Tiempo y Forma
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los ministros de marina, cuyos modos autoritarios les generaban una mala reputación y porende, un mayor rechazo.Los primeros intentos para establecer un sistema de reclutamiento eficazcomenzaron en 1606, cuando el duque de Medina Sidonia y Domingo de Echeverri plantearon varias opciones elementales para su correcto funcionamiento: pago puntual,comodidad y buenos tratos para los marineros, así como la creación de una milicia consueldo para que sirviera de reserva. Como explica Francisco Javier de Salas, la idea eracrear contingentes a partir de marinos y oficiales provenientes de la flota mercante, estosúltimos para ser generales y almirantes de armadas. El propio rey Felipe III propusorecoger muchachos pobres de entre 12 y 16 años, de las regiones de Guipúzcoa y Vizcaya, para educarlos en seminarios, después entregarlos a maestres y dueños de navíos y tras losaños correspondientes de servicio, embarcarlos en los buques reales.
Pero fue hasta la expedición de las
Ordenanzas para las Armadas del mar Océano y Flotas de Indias
(Ventosilla, 4 de noviembre de 1606), ampliadas poco después en laCédula Real del 22 de enero de 1607, que el sistema adquirió una mejor forma jurídica. Enteoría, los estatutos señalaban como derechos, el buen trato y el pago puntual a los reclutas,las licencias para regresar a sus casas durante el invierno, la posibilidad de embarcarse ennaves construidas en sus provincias, jubilarse después de veinte años de servicio, así comola oportunidad de portar armas (incluso en tiempos de queda), entre otros.
Bajo estenuevo reglamento, el Estado requería a provincias como Galicia, Asturias, Granada yMurcia, y especialmente a Guipúzcoa, la entrega de sus mejores hombres, sin excepción;esto es, a pilotos, maestres, marineros ordinarios, grumetes, calafates, carpinteros,toneleros, artilleros con experiencia en navegación y, por supuesto, pescadores. Como erade esperarse, las provincias continuaban mostrándose reacias a tales exigencias. Mientrastanto, sus hombres de mar eludían la matrícula como podían y ejercían la industriamarinera en la primera oportunidad en la que se ausentaban los funcionarios de las levas.Además de la oposición abierta de los territorios en los que se ejercía la matrícula, principalmente la región vasca, otros obstáculos que el sistema enfrentó durante el sigloXVII
fue el despoblamiento de las costas del reino y, ligado a ello, la disminución gradualdel comercio marítimo, causado por el desplazamiento de una buena cantidad de hombres
Francisco Javier de Salas,
Historia de la matrícula de mar y examen de varios sistemas de reclutamientomarítimo
(Madrid: Imprenta de T. Fortanet, 1870), 67-78.
Fernández Duro,
Historia de la Armada española
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